Moda con consciencia
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“La prenda más verde es la que ya existe”. Yvon Chouinard (fundador de Patagonia).
Tener hábitos sostenibles es más fácil de lo que te imaginás. Si sos de las mujeres que ya empezaron a preocuparse - y ocuparse - por la preservación del medio ambiente, probablemente ya estés aplicando algunas reflexiones de esta nota. Y si aún no empezaste; ¡espero que te sumes al consumo consciente!.
El consumo consciente está ligado a la moda sostenible y ética. Nos pone a prueba, hace cuestionarnos sobre los impactos, actores y condiciones de quienes participaron en cada eslabón de esta cadena, qué hizo que esa hermosa remera cuelgue en un perchero. Pero; ¿ya te preguntaste por qué y para qué comprás esa prenda?.
Algunas veces el impulso impide que reflexionemos, la belleza de un diseño nos enceguese y la consciencia se esfuma. ¿Por qué no puedo resistirme a la idea de dejar pasar una “oferta”? ¿Necesitamos otro sweater negro - y en pleno verano -? ¿Vamos a usar alguna vez un par de zapatos dos números más chicos? ¿Cómo puede ser tan barato? ¿Quién habrá confeccionado esta prenda? Son algunas preguntas que probablemente alguna vez te hiciste y si aún no te lo preguntaste hoy te invito a que empieces a hacerlo antes de consumir. Por qué. Para qué, quién la hizo, ¿realmente la necesito?.
El consumo consciente no va en contra de la industria sino todo lo contrario, quiere preservarla haciendo de ésta una industria limpia, no sólo para la sociedad sino para el planeta.
Una de las formas de tener hábitos sostenibles - en lo que respecta a la moda - tiene que ver con evitar el consumo desmesurado y el desenfreno al momento de decidir una compra. El poder está en tus manos. Cada decisión vale ¡y principalmente suma!. Nuestra compra de alguna manera es una declaración de principios. En la que estamos decidiendo y aportando nuestro grano de arena. No sólo se trata de evitar el comprar “porque sí” sino también preguntarte sobre la procedencia de las cosas. Ni todo lo caro es bueno ni todo lo barato es una ganga.
Tan sólo en Buenos Aires existen más de 3000 talleres clandestinos en los que no sólo mujeres, sino padres de familia y niños viven en situaciones realmente inhumanas y - sin siquiera saberlo - probablemente alguna prenda que cuelga en tu closet fue manufacturada por ellos.
Ese “costo invisible” que no estás pagando en aquella "maravillosa oportunidad de liquidación" probablemente lo estén pagando algunas de estas 3000 personas con su vida. Entonces, la próxima vez que consumas te recomiendo evalúes este punto y te mantengas interiorizada sobre las marcas y empresas que son denunciadas así como aquellos diseñadores que trabajan de manera limpia con total transparencia. Actualmente internet y el mundo globalizado nos acerca al segundo el poder de la información y las fuentes fidedignas. Hay muchas organizaciones que trabajan en pos de una moda ética y más limpia.
El debate de si “terciarizar” la producción deslinda a las marcas de su responsabilidad ya no está en juego porque justamente la legislación los convierte en cómplices y forma parte de la responsabilidad social empresaria que muchas marcas ya vienen incorporando en sus políticas.
Cuanto más exigentes seamos como consumidores mejor serán las condiciones laborales y de trazabilidad de las prendas. Exigir transparencia es la clave.
Una de cada 6 personas en el mundo trabajan en la industria de la moda. La mayoría son mujeres y viven bajo el índice de pobreza.
La industria de la moda es la segunda más contaminante después del oil. El fast fashion - o moda rápida - ha logrado imponer sus prendas de escasa calidad y de características descartables para ser usadas tan sólo un par de veces (así es, estas tiendas están “programadas” para cambiar sus percheros cada diez días… si! ¡10 días!) y las tendencias de lo último que se “debe” usar ya empieza a esclavizar a muchas mujeres y no sólo a quienes las manufacturan.
Vivimos rebajas ridículas en pleno verano con vidrieras llenas de tapados de lana y bufandas con 35 grados a la sombra. ¡¿Realmente necesitamos vivir con este vértigo y aceleración?! ¿Quién nos corre?. Ya hay demasiadas cosas descartables como para encariñarnos con prendas que con pocos lavados pasan al olvido por deformarse, desteñirse, tener pelotillas o descocerse.
En 2013 la tragedia en Bangladesh del Rana Plaza donde murieron 1129 personas puso el foco nuevamente en este debate. Sin embargo; no es algo nuevo ni un hecho aislado. El pasado abril dos niños murieron en un taller clandestino en Buenos Aires por no poder escapar de un incendio debido a las rejas y ventanas tapiadas de ese lugar.
Y al momento de hablar de moda sostenible también pensamos en los tres mil litros de agua que se desperdicia para fabricar una remera de algodón (que es el equivalente nada menos que a lo que podés llegar a beber aproximadamente en tres años). Es decir, aquella remera “descartable” de baja calidad; que probablemente no llegará a usarse las “ideales” treinta veces se convierte en una amenaza para el medio ambiente y definitivamente en moda desechable.
En el mundo se consumen 80 billones de prendas de vestir por año que excede en un 400% lo que consumía el planeta cuando todos teníamos diez años menos.
A nivel global solo el 10% de las prendas que terminan siendo donadas a asociaciones benéficas y - o en tiendas de segunda mano terminan siendo vendidas. Lo que se traduce en basura textil con complejas formas de reciclaje y que terminan en vertederos o donadas a países en situaciones de emergencia como Haiti (donde la presencia de estos vertederos textiles a su vez perjudican a los pequeños fabricantes locales a quienes les es muy complejo poder comercializar sus productos por la competitividad para con esa “basura textil”).
Hoy te invito a que reflexionemos en este espacio, a que revises tu guardarropas y analices tus propias prendas y decisiones. Aprender a consumir es un buen inicio para acercarte a la moda sostenible, limpia y ética.
La moda nunca duerme y mientras estás leyendo esta nota una máquina de coser resuena en algún taller clandestino. Las jóvenes manos de una niña de 12 años sueña con aprender a escribir su nombre, ver la luz del sol, e ir al colegio y - por supuesto - que algún día alguien deje de comprar esa ropa que tanto la esclaviza.
Por Paula Gray

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