¿ES PAN LO QUE COMEMOS?
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El pan está sufriendo, al igual que muchos otros alimentos, un proceso de industrialización tal que está dejando de ser aquello que evocaba
abundancia y sabor. Ya casi se reconoce únicamente como pan el fabricado con harina refinada, al cual se le elimina el germen (la semilla del trigo) y el salvado (la cáscara que contiene gran parte de las vitaminas y minerales) dejando sólo la base, blanca, insípida y carente de nutrientes. Eso sí, se conserva por mucho tiempo. Después se le añade una levadura también industrial, muy alta en gluten para que fermente más rápido y en grandes cantidades (de ahí tantas intolerancias y celiaquía), para que el pan se infle mucho y se llene de aire, así se usa menos harina. Y por último se usan agentes de tratamiento blanqueadores, reductores, emulsionantes, preservantes, conservantes, enzimas y grasas de las más baratas que se puedan encontrar, las hidrogenadas. Pero en realidad para hacer pan sólo se necesita harina integral, un poquito de levadura, agua, sal, algo de aceite y el calor de unas manos y un horno. ¿Qué sencillo, verdad?
Irene Menchero de Comiendo Consciente

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